Muchas veces, en mi vida, me llamó la atención mirar el espacio y me decía: “¿Que relación existirá entre este espacio, estas estrellas que nos alumbra, este sol y esta luna con nuestra tierra?”.
Oí hablar algunos astrónomos, algunos astrólogos dando grandes explicaciones, por cierto muy convincentes, pero ahí no terminaba mi interrogante...
Cierto día, estando en un lugar muy amplio, miré al infinito y me dije: “¿Qué van a saber aquellas criaturas que están allá en esa lejanía que yo existo o que aquí existen tantas personas que nunca se han interesado en saber lo que está en el más allá, simplemente, lo que a través de un telescopio los científicos han podido observas y que nos cuentan a través de algunos escritos que más que todo se ve el dividendo y no la enseñanza?”
Fueron muchos los interrogantes que me hacía en aquel lugar y me dije: “¡Que lindo sería para mi poder conocer algo sobre el espacio!”.
Casi divagaba ante este fenómeno que en si no me daba ninguna respuesta y me dije: “Yo mejor me pongo a meditar y a hacer oración”.
Me ubiqué cómodamente, cerré los ojos físicos y entré en mi contemplación interna, de pronto... sentí que alguien se acercaba, abrí los ojos y no vi nada, cerré los ojos y lo seguí sintiendo, de pronto me habló y me dijo: “Lo que estás haciendo es muy importante en tu vida y en la vida de todo cristiano, pero quiero acompañarte en un pequeño viaje para que conozcas un poco el mundo en que andas”.
Yo pensé en ese momento que él tenía un avión, que tenía una nave espacial y abrí los ojos nuevamente y lo vi.
Platicamos un poco, me dijo: “No te levantes de donde estás, yo también me voy a sentar cómodamente”. Me dijo: “Meditemos primero en la grandeza de Dios, ...”
Me puse a hacerlo, al poco rato me dijo: “¿Qué has comprendido?”, y yo le dije: “¿Imposible!, no he comprendido nada”, y él me dijo: “¡Que bien vas en el ejercicio!”.
Me dijo: “Vamos a meditar sobre el espacio...”. Al mucho rato, me dijo: “Que has entendido?”, y yo le contesté: “¡Nada!” Me dijo: “Estás bien...”.
Me dijo: “Vamos a meditar sobre nosotros...” al mucho rato, me llamó y me dijo: “¿Qué has comprendido?”, y yo le dije: “Muy poco”. Y me dijo: “¿Por qué?”. Le contesté: “Por que no me he conocido en mi totalidad”, y él me contestó: “Antes de conocerte en tu totalidad, tienes que ponerte en comunicación y en contacto con el infinito, que eres tú mismo; tienes que ponerte en contacto con Dios, que eres tú mismo; tienes que vencer la mente que es tu esclava para que tu Señor le ordene a ella estar a su servicio y no traer más invitados a tu casa. El día que hagas esto, podrás eliminar los elementos que no te dejan conocerte”.
Me dijo: “Vamos a meditar, ahora, sobre el espacio del mundo en que andamos”.
Entramos en la meditación y de pronto viajamos en una nube y esa nube nos hablaba a los dos y nos decía: “Ustedes van a conocer algunos fenómenos extraños para el hombre”
Yo pensaba que nos iba a seguir hablando, pero no fue así...
Ibamos llegando a una ciudad inmensa, veíamos grandes cortinas de humo y la nube en que íbamos se extravió, fenómeno que me llamó la atención, pero guardaba silencio...
Seguíamos avanzando, veíamos muchas tierras áridas y ella se elevaba un poco para pasar, ¡otro fenómeno!.
Luego nos dijo: “Los voy a llevar a cierto lugar del Norte”. Acercándonos allí, nos dijo: “No puedo llegar más allá porque esa zona se me está prohibida”. Yo, en mis grandes inquietudes, quise preguntar pero mi enigmático compañero me dijo que guardara silencio.
De regreso, me dijo que observáramos el centro del océano y vimos como allí descendían ciertas materias extrañas, lo cuan no resistí más y le pregunté: “¿Qué fenómeno es este?”. Parece que esta pregunta la hice demasiado precipitada. Se detuvo y nos dijo: “Como veo que quiere saber apenas estas pequeñas cosas que le he mostrado y no otras demasiado trascendentales que debería saber, procederé a explicarle”.
“El humo de las ciudades produce en nosotras, las nubes, un envenenamiento que nos impide portar el agua para las lluvias, produciendo alteraciones térmicas en el espacio”.
“El no poder acercarme a cierto lugar del océano del Norte, es porque allí se están escapando del interior de la tierra ciertos gases que si yo me acerco allá, originaría un tornado”.
“Y el hecho de caer en el fondo del océano algunos extraños sedimentos que Ustedes desde aquí ven, no son otra cosa que fluidos emanados del interior de la tierra que ni la atmósfera ni nosotras, las nubes, podemos desintegrar y vuelven a caer sobre las aguas del mar y eso es todo”.
En ese momento yo quise decirle: “¿Qué efectos sufriremos, nosotros mortales, en la tierra por este fenómeno?”, y me dijo: “No sé si estás preparado para saberlo, pero doy respuesta”.
“Primero, los gases que se escapan en el Norte, producirán ciclones que arrasarán las costas”.
“El humo de las grandes ciudades producirán recalentamiento atmosférico y habrán veranos mortales en algunos sitios del Planeta y lluvias torrenciales y fatales en algunos otros lugares. Donde más haya recalentamiento, habrán veranos y donde se condense el frío, habrán lluvias”.
“Los sedimentos que van de la tierra al espacio y regresan al mar, producirán en los océanos una desesperación y el mar, en su desesperación, buscará salirse de su cauce arrasando lo que a su paso encuentre”.
Yo, conmovido de lo que escuchaba, le dije: “Si estas son las cosas de poca importancia, ¿qué pasa con lo demás?”, y me dijo: “Entre el ocho (8), el ocho (8), el ocho (8), y el tres (3), se sucederán estas cosas: El recalentamiento atmosférico, la sedimentación del océano desatará la violencia del aire y el agua y el fuego se lanzarán a intentar depurar el Planeta, pero para eso es necesario que la humanidad desaparezca.”.
Yo, compungido y lleno de terror le dije: “¿Qué podemos hacer los humanos?”, y ella produciendo ciertos movimientos, dijo: “Todo humano puede hacer mucho por sí mismo y por los demás, pero todo humanoide perecerá”.
Yo guardé silencio y ella siguió su viaje...
Mi sorpresa fue que, al poco tiempo, me vi en el lugar de donde había salido.
Al retirarse oí una voz que decía:
“Hombre, elimina todo lo falso que tienes para que seas real”.
¡EL ESPACIO!